Parece que si a alguien le dices que le podría ir bien ir al psicólogo le estás ofendiendo en lo más profundo de su ser. Sin embargo, hay que saber que la psicología un método de ayudar a la gente normal con problemas normales pero que no saben resolver.
No somos los psicólogos seres sobrenaturales que saben todas las respuestas, pero tampoco somos loqueros que atienden a personas raras o con algún tipo de discapacidad mental rara que tiene que mantenerse en el más absoluto secreto. A las consultas de los psicólogos acude todo tipo de personas, desde gente que tiene problemas para dormir, problemas de ansiedad, problemas para relacionarse con los demás, problemas de concentración, etc. Como podéis ver, me he referido a todo lo anterior con las palabras "problemas para", dejando claro que son problemas que en un momento determinado les aparecen y que con ayuda de un profesional pueden terminar por resolver de un modo saludable.
Tenía un profesor que nos decía que si la gente no acudiese al psicólogo podrían acabar solucionándolos de un modo u otro, pero siempre sería mucho más costoso en tiempo, esfuerzo y sobre todo que podrían acabar produciendo otro tipo de hábitos que tal vez no fuesen tan sanos a la hora de afrontar otras situaciones.
Muchos os preguntareís:" Pero ¿Cómo sé yo que necesito ir a un psicólogo? ¿realmente me podrá ayudar?". Pues mi respuesta a esto es que todos tenemos problemas de uno u otro modo, pero a veces ocurre que no somos capaces de resolver o no podemos conseguir mejorar o afrontar determinadas situaciones. Además, el hecho de no saber cómo actuar y afrontar esas situaciones nos están suponiendo un trastorno en nuestro día a día.
Pongamos el ejemplo más claro que podemos ver: las fobias. Si una persona vive en la ciudad y le tiene fobia a los caballos, es poco probable que le vaya a suponer un problema. Pero si esta misma persona lo que tiene es fobia a los perros y en su barrio viven muchos perros, le va a suponer un grave trastorno porque cada vez que salga a la calle irá con miedo o no podrá ir por determinadas zonas. En el primer caso, puedes considerar no acudir a un psicólogo porque no es algo que afecte en tu vida, pero en el segundo caso, pedir ayuda profesional podría suponer un gran cambio en su calidad de vida.
En cuanto a la segunda pregunta, el psicólogo realmente puede ayudarte si pones de tu parte y tratas de mejorar. No se te va a recetar unas pastillas que ayuden a tu problema solo con tomarlas. La terapia va a requerir esfuerzo por tu parte, pero siempre estarás acompañado de un experto que nunca te va a juzgar y siempre va a apoyarte en todo lo que hagas o digas.
Actualmente, si te duele un músculo no dudas en ponerte en contacto con un fisioterapeuta para que te lo trate, del mismo modo, si tienes un problema que no sabes solucionar los psicólogos están ahí para aliviar tu dolor y poner solución a los problemas que tengas.
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lunes, 2 de octubre de 2017
Cuando acudir a un psicólogo
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miércoles, 22 de febrero de 2017
Minidiario 2: No me apetece nada correr
Voy a publicar una entrada que no se publicó en su momento y que me parece importante para ejemplificar que no siempre se sale con ganas a entrenar y que no siempre se hacen Buenos entrenamientos.
Hoy es domingo, me levanto cansada y un poco triste después del partido de ayer, en el que además de perder, no me sentí bien jugando.
Hoy me toca correr 4 kilómetros según la aplicación de Myasics. A pesar de que ayer tuvimos partido, no jugué mucho así que no hay excusas. Por la mañana no puedo salir, luego me voy a comer con la familia, cuando llego a casa me pongo con trabajos y llegan las 7 de la tarde. Uff, menuda pereza que me da. Hoy llueve, no quiero, me apetece quedarme en casa, tengo mucho que hacer...
De repente, me encuentro en la calle, con la música a tope y corriendo. No hay que pensarlo porque si lo haces os digo que no salís nunca. Así es como hay que hacerlo, sin pensar y a lo loco.
No os voy a engañar, ha sido una mierda de entrenamiento, me he encontrado mal desde el principio, la tripa me daba botes por la comida, el móvil me golpeaba en el estómago a medida que corría... una patata vamos. A pesar de todo, me he forzado a correr los 4 kilómetros que me tocaban, muy ayudada por la música, y cuando he llegado a casa he agradecido haber salido.
Evidentemente no lo he pasado bien, muchos habrían dicho ¿y para qué sales? ¿eres masoca?
Pues no, si hoy cedo qué me dice que mañana no vaya a ceder, porque total, ya cedí ayer, ya qué más da. Lo que quiero decir es que a pesar de hacer una mierda de entrenamiento y pasarlo mal, he aprendido, he aprendido de mi misma, de mi fuerza de la mente, el poder que tenemos de sacrificio...
A pesar de saber que no iba a encontrarme bien, el hecho de haber sido capaz de salir ha producido la sensación de satisfacción por el trabajo hecho igual que si el entreno hubiese sido agradable. De todo podemos aprender.
Hoy es domingo, me levanto cansada y un poco triste después del partido de ayer, en el que además de perder, no me sentí bien jugando.
Hoy me toca correr 4 kilómetros según la aplicación de Myasics. A pesar de que ayer tuvimos partido, no jugué mucho así que no hay excusas. Por la mañana no puedo salir, luego me voy a comer con la familia, cuando llego a casa me pongo con trabajos y llegan las 7 de la tarde. Uff, menuda pereza que me da. Hoy llueve, no quiero, me apetece quedarme en casa, tengo mucho que hacer...
De repente, me encuentro en la calle, con la música a tope y corriendo. No hay que pensarlo porque si lo haces os digo que no salís nunca. Así es como hay que hacerlo, sin pensar y a lo loco.
No os voy a engañar, ha sido una mierda de entrenamiento, me he encontrado mal desde el principio, la tripa me daba botes por la comida, el móvil me golpeaba en el estómago a medida que corría... una patata vamos. A pesar de todo, me he forzado a correr los 4 kilómetros que me tocaban, muy ayudada por la música, y cuando he llegado a casa he agradecido haber salido.
Evidentemente no lo he pasado bien, muchos habrían dicho ¿y para qué sales? ¿eres masoca?
Pues no, si hoy cedo qué me dice que mañana no vaya a ceder, porque total, ya cedí ayer, ya qué más da. Lo que quiero decir es que a pesar de hacer una mierda de entrenamiento y pasarlo mal, he aprendido, he aprendido de mi misma, de mi fuerza de la mente, el poder que tenemos de sacrificio...
A pesar de saber que no iba a encontrarme bien, el hecho de haber sido capaz de salir ha producido la sensación de satisfacción por el trabajo hecho igual que si el entreno hubiese sido agradable. De todo podemos aprender.
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